Tres ideas, tres, para una buena vida de familia

Comentaba hace unos días con un amigo acerca de lo complicado que es formar una familia. Por un lado, el ambiente social y laboral lo complican mucho, sueldos bajos, horarios de locura, …. Por otro, una presión brutal del individualismo; lo peor de cada uno de nosotros: ir a lo nuestro.
Con estos mimbres resulta difícil construir una familia y un ambiente familiar adecuado. Sobre todo, sin tiempo y yendo cada uno a lo suyo es imposible ser familia.
Como esto es lo que hay, se me ocurrían tres ideas, sólo tres, para mejorar la familia mejorando cada uno. Seguramente podrían ser veinte o treinta ideas, pero lo bueno si breve, dos veces bueno. Es mejor luchar en pocos frentes y que estos sean concretos.
Uno. Buscar como locos un tiempo de estar todos juntos, sentados, tranquilos, con las menos interferencias posibles, pasando un rato divertido: comida, merienda o cena en familia.
Dos. Descubrir aquellos pequeños servicios que podemos hacer a los demás, a veces será una simple sonrisa, otras ayudar en una tarea. Escribo a propósito descubrir, que significa buscar, y no esperar. Para ello hace falta estar más pendiente de los demás y menos de sí mismo.
Tres. Rezar cada día unos por los otros; lo que supone estar al tanto del otro, de sus alegrías y preocupaciones, conocer lo que necesitan.
Tiempo físico para estar juntos, salir de sí mismo estando pendientes unos de otros, compartir alegrías y preocupaciones y apoyarse en la oración. Tres trabajos para poner en práctica.
Ya me contaréis si os ha sido útil.

Espíritu transgresor para hacer el bien

El espíritu del hombre es, en el buen sentido del término, transgresor. Creo que de no ser así, supondría una limitación al crecimiento y mejora. Claro que la transgresión debe ser constructiva, no simplemente destructora. Debe servir para romper las barreras que nos impiden ser mejores, más humanos. Creo que lo mas transgresor que puede haber hoy en día es la obra bien hecha. Se trata de una auténtico terremoto frente a un tiempo propicio a la chapuza y la pereza.
Leo una entrevista al cantor de poetas, Amancio Prada. En ella reivindica la educación que deriva en el gusto por hacer bien las cosas.
Afirma que todo lo que hacemos es importante y que la sublimidad de un trabajo no está en el puesto que se ocupa, sino en cómo se hace, en el amor que se pone.
Según Prada, el fin del hombre no es triunfar sobre los demás, sino dar testimonio de la bondad.
Estas ideas se unen a aquella afirmación que tuitee hace unos días: la vida está para darla.

Entra en un círculo virtuoso

Ayer, medio en broma medio en serio, comentaba con un amigo las ideas de algunas personas que se empeñan en demostrar que la diferencia entre el ser humano y algunos animales son mínimas. Comentábamos que puede que así sea en el orden biológico, sin embargo existe otro orden que define al hombre y marca la diferencia abismal con todas las demás criaturas: la capacidad de amar, de darse a los demás de manera consciente, no por puro instinto o interés; superando egoísmos y apetencias.

Hoy que tanto se habla de mentalidad positiva, de fomentar un espíritu emprendedor, de superar dificultades y obstáculos ….. creo que el esfuerzo es menor si se hace desde el espíritu de servicio a los demás, esto es, desde el amor.  Así se entiende y encuentra sentido la renuncia en beneficio de otros, el no centrarse en uno mismo. Salir de uno mismo facilita la vida, descomplica, suaviza las relaciones y todo va mejor.

La idea me parece fundamental no sólo para la vida matrimonial y familiar, sino también en la vida social y en el trabajo. Creo que es muy motivador actuar buscando el bien de los demás. Es todo un reto plantearse entrar en un circulo virtuoso en el que una buena acción llama a otra.

Las tres “C” del matrimonio

Contraer matrimonio supone una importante toma de decisión y como tal, no puede hacerse a la ligera. Decidir casarse no es seguir como estábamos pero con papeles, tampoco puede ser algo que comienza llevados únicamente de lo afectivo.

Lo primero que necesita el matrimonio como tal es un compromiso De fidelidad, de seguir juntos y poner todos los medios para cumplirlo. Lo fundamental del compromiso es el acto libre de entregar la propia libertad por amor.

El mero compromiso puede parecer algo frío y poco humano, por eso es bueno aliñarlo con cariñoTodas las relaciones humanas están llamadas al desgaste, nada como el cariño y la delicadeza en el trato para lubricar los roces. No es el fundamento, pero sí algo muy necesario y útil para apuntalar el compromiso.

Y como en toda iniciativa o aventura, hace falta tener confianzaY ésta en una triple dimensión: confianza en uno mismo, en el otro y en la propia institución del matrimonio. La confianza en uno mismo empieza con el conocimiento propio, el fomento de la autoestima, queriéndose y exigiéndose y pidiendo ayuda cuando sea necesario. La confianza en el otro supone creer que es capaz de lo mejor y hacer todo lo posible por ayudarle. Y juntos, confianza en que el matrimonio es una institución perfectamente válida en el s XXI. Es cierto que pueden llegar malos momentos, en ese caso habrá que pedir ayuda y redoblar el compromiso, el cariño y la confianza, las tres “C” del matrimonio

¿Mandar? ¿Para qué? Ideas sobre autoridad en la familia

Recientemente hablé a un grupo de padres y madres sobre el valor de la autoridad en la familia. Bien entendida, la autoridad es un servicio que prestamos a los hijos para ayudarles en su desarrollo como personas. Y bien entendida también, la mejor autoridad es la que se ejerce con el buen ejemplo de la propia vida.

Os dejo un enlace a la presentación que preparé, espero que sea útil

¿Mandar? ¿Para qué?

 

Faltan niños

El premio Nobel de economía 1992 Gary S. Becker afirmaba que el desarrollo económico está directamente relacionado con los índices de natalidad. Por un lado por motivos puramente materiales: mantenimiento del estado de bienestar, pensiones, etc …. por otro debido a lo que supone para una sociedad la existencia de niños y jovenes: más ilusión en el futuro y por ello mayor iniciativa para investigación y desarrollo que legar a las futuras generaciones. Sobre el particular escribió un artículo publicado en The Wall Street Journal titulado faltan niños

Ayer tuitee que una sociedad con niños es más alegre, esperanzada, creativa, generosa, por una sencilla razón: tiene futuro. Y cuando hay futuro hay esperanza y razones para vivir. Los niños necesitan un ambiente generoso, optimista, en el que se sientan aceptados incondicionalmente, pero es que a su vez  lo generan; es una cuestión de retroalimentación: tú me procuras un ambiente mejor y yo lo alimento con mi presencia.

No deja de ser cierto que existen situaciones de injusticia, explotación y verdaderos dramas; sin embargo creo que esto no justifica la negación del bien que supone que haya niños. Más bien ellos son un acicate para que los adultos hagamos un mundo mejor.

Si no pensara así, se me plantearía la alternativa del “apaga y vámonos”, la nausea y el sinsentido;  y yo no estoy por la labor, bajo ningún concepto. La vida me parece un don, un regalo y aunque el mal existe, confío en las personas y su capacidad de amar y ser mejores; el bien es más fuerte.

Mediación familiar: dos caras de la misma moneda

Recientemente me comentaba un amigo que estaba muy satisfecho con su nueva faceta profesional de mediador familiar. Me decía que se dedica a mediar entre los esposos para ayudarles a salvar su matrimonio y que le resulta enormemente gratificante. Sin embargo no todo el mundo entiende así la mediación familiar, es más, me atrevería a afirmar que por desgracia se trata de una minoría.

Recordé una conversación que mantuve hace unos años con una abogada que también se dedicaba a la mediación familiar, sin embargo su visión era muy distinta; posiblemente la mayoritaria. Su objetivo era que la separación o el divorcio fueran amistoso y ventajoso para los dos. No critico que lo hiciera, creo que siempre es mejor evitar las guerras y enfrentamientos; sin embargo me sorprendió que en ningún caso se molestara u ofreciera servicios para ayudarles a salir de la crisis matrimonial salvando el matrimonio.

A veces un excesivo celo por un supuesto respeto al derecho a la intimidad de las personas, impide que se ofrezcan ayudas a parejas en crisis. Y puede ocurrir que por falta de ayuda, se toman decisiones graves porque no se ve otra salida. La fuerte presión social e ideológica nos vienen a recordar aquella frase bíblica que decía “¿soy acaso yo el guardián de mi hermano?” Ello deviene en una sociedad fuertemente atomizada e individualista. Nadie pide ayuda y nadie ayuda.

Una separación, y especialmente un divorcio, aunque sean de mutuo acuerdo dejan heridas muy hondas. Merece la pena poner todos los medios para salvar la situación cuando es posible.

La labor preventiva es en este terreno, como en tantos otros, fundamental. La formación como esposos y padres es altamente efectiva para prevenir o superar crisis. Y no solo a nivel de las personas, que es lo más importante; sino también para la sociedad y el Estado. En Gran Bretaña ya lo han cuantificado, léelo aquí

Descubriendo los valores del adolescente

Esta tarde daré una sesión para padres y madres con hijos adolescentes, difícil etapa con grandes posibilidades y retos. Os dejo la presentación que voy a utilizar:

Descubriendo los valores del adolescente

Se puede mantener el amor, aprende cómo

Hoy en vez de escribir, voy a hablar. Gracias a Hacer Familia, os dejo una entrevista con diez ideas para mantener el amor en el matrimonio. Espero que os guste y sea útil.

Con espíritu de emprendedores …. en el matrimonio

Están muy de moda los emprendedores, parece que esa actitud es la que nos puede hacer salir de la crisis. Algo que se suele referir a quienes emprenden negocios, es perfectamente válido para los trabajadores, para la vida en general y para los casados en particular. Porque, ¿que es lo que hace un emprendedor? Me parece a mi que lo primero es estar convencido de lo que hace, es la única manera de ir a por todas, es imprescindible creérselo; también hace falta estar preparado, tener las capacidades adecuadas y calibrar el reto. Por último, ponerse a ello cada día, con la vista en el objetivo pero muy pendiente del día a día; no bastan ensoñaciones o quimeras para emprender y tener éxito.

Me parece que estas ideas sirven perfectamente para el matrimonio. Lo básico es estar convencido de que es posible comprometerse por amor para siempre, si esto falla construimos en terreno muy arenoso. ¿Como ser capaz de superar obstáculos si no estoy convencido de que puedo?

El matrimonio no debe ser un cajón de sastre donde quepa cualquier relación afectiva. Hace falta estar preparado humanamente, saber a que te comprometes; sin capacidad de entrega es prácticamente imposible llevarlo adelante. No es sólo estar convencido de que puedo, hay que hacerlo.

De la misma manera que el emprendedor se levanta cada mañana con la ilusión de seguir adelante y se marca nuevos propósitos, los esposos deben enamorarse cada día, mirar hacia adelante pero sin olvidar los detalles cotidianos.

Estar convencido de que es posible, querer hacerlo y poner los medios cada día, cueste lo que cueste. Espíritu de emprendedor.

Conozco una Familia que inspira

Que Dios te bendiga

Que alegría poder celebrar que Dios se ha hecho Hombre. Eligió para ello la manera que consideró mejor, la más sencilla, naciendo en una Familia. Durante su infancia necesitó y recibió el cariño y las seguridades que dan un padre y una madre. De ellos aprendió todo, hasta el más pequeño gesto, seguramente la manera de mirar y de sonreír, expresiones y dichos de José y María.

Todo en la Sagrada Familia es inspirador. Especialmente para los matrimonios, el amor de José y María manifestado en detalles pequeños cada día. Y para todos, la dedicación, el cariño y el respeto de unos con otros; la manera de afrontar las penas y las alegrías, todo.

Que Dios bendiga a nuestras familias y que nunca permitamos que Él esté lejos, pase lo que pase. Feliz Navidad a todos

Preparar para el matrimonio … desde pequeños

El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de su vida, sino algo para lo que se ha preparado. Vemos claro que los niños se planteen su carrera profesional, que vayan pensando que estudios quieren realizar y a que quieren dedicar profesionalmente su vida, los padres les apoyamos y preparamos junto con el colegio para ello. Sin embargo algo tan vital como el matrimonio, y que tantas satisfacciones o frustraciones puede provocar; pocas veces aparece en la mente de los padres ¿quién se dedica a preparar a su hijo o a su hija para el matrimonio? Parece como si no formara parte del proyecto vital. No es extraño que luego se encuentran con el momento de casarse, si eso deciden, sin la mínima preparación. Es más, muchas personas tras años de “vivir la vida” simplemente se encuentran con el matrimonio como uno se encuentra con una seta en el campo; ¿es extraño que los índices de fracaso matrimonial sean tan altos? Preparar a los hijos para la vida, se vayan a casar o no, debe incluir prepararles para la entrega y el sacrificio por los demás. Es una gran fuente de felicidad. Quienes dan a sus hijos todo hecho y no les exigen les están haciendo un flaco favor. Por eso ya desde pequeños en la familia comienzan los cursos prematrimoniales. Un ambiente de generosidad y entrega a los demás prepara para la vida. El ejemplo de papá y mamá es fundamental, también lo es el articular de una manera práctica la entrega por medio de encargos, fomentar la sana “manía” de estar pendiente de los demás para hacerles felices y descubrir que esta manera de vivir nos hace mejores y ayuda a vivir una buena vida. El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de la vida, sino algo vital que forma parte del proyecto personal. Si no preparamos a los hijos para darse, el matrimonio es una opción, no nos extrañe que su vida devenga en un fracaso. Os dejo un video de una entrevista que me han hecho para la revista Hacer Familia

Las “tres des” para que tu matrimonio funcione

Hace unos días leí en las redes sociales un consejo para celebrar las bodas de oro matrimoniales. Lo daba un matrimonio con motivo de sus cincuenta años de casados. Lo llamaban las “tres des”: diálogo, delicadeza y Dios. Me pareció muy útil y práctico.

Creo que por diálogo seguramente entendían comunicación. Algo de lo que se habla mucho y que tan difícil parece resultar cuando se limita a entender que se trata de hablar. Para que haya una buena comunicación en el matrimonio parece necesario que haya un proyecto común que compartir, un proyecto que incluya valores comunes, creencias, sentido de la vida. También hace falta que exista confianza mutua y conocimiento del otro. Es importante mostrar que tú me importas, que eres lo primero en mi vida, que me ilusiona nuestro matrimonio, que deseo hacerte feliz y que nunca abandonaré esta aventura.

La delicadeza es algo pequeño pero imprescindible para ser feliz en el matrimonio, y en general en la vida. Supone cuidar los detalles, mostrar aprecio, nunca olvidar la dignidad del cónyuge, ponerle por encima, portarse como una dama o un caballero. Frente a la moda de la espontaneidad se impone la moda de la educación y el cuidado de las formas, sin afectación, con naturalidad. La delicadeza en el trato no es sólo para los momentos de relaciones sociales, también es para los momentos de intimidad de la pareja. Debe ser el ADN del comportamiento.

Y por fin, Dios. ¡Que importante es compartir una visión trascendente de la vida!, sentirse ambos hijos de Dios y sujetos de esa dignidad. Cuantas complicaciones se desvanecen cuando se les da un sentido trascendental. Poner a Dios en medio del matrimonio no supone que no existan las dificultades, las arideces; sino que ayuda a darle sentido a todo. Decía al principio que es importante que la pareja sea lo primero en la vida del cónyuge; corrijo ahora, el primer lugar lo debe ocupar Dios, así las cosas están en orden y los dos salimos ganando.

Una propuesta para vivir la sexualidad en el matrimonio

La semana pasada hablé a un grupo de matrimonios sobre la sexualidad conyugal. Publiqué en twitter la presentación en power point y algunos amigos me pidieron una ampliación de la misma. Aprovechando que tengo un rato libre, con mucho gusto escribo algo sobre cada diapositiva. No es ni mucho menos un tratado, sino una charla con mis amigos. Por eso sigo abierto a que aportéis, corrijáis o sugiráis aquello que os parezca oportuno. Siempre desde el respeto y la libertad con la que he querido compartir esta ideas.

Quisiera aclarar que las ideas expuestas se refieren a un tipo de amor determinado: el amor conyugal. El que nace con la “unión de uno con una y para siempre”. Me he centrado en aquello que conozco.

Pinchando aquí podéis acceder a la presentación.

La primera transparencia sirve para marcar el camino hasta llegar al amor conyugal. Empezando desde ese primer movimiento que supone la atracción física y emocional tan misteriosa ¿porqué dos personas se sienten atraídas?, el corazón palpita repitiendo que bien que existas y que nos hayamos conocido. El paso siguiente lleva a una unión para ser más plenos, mejores. Para ayudarnos el uno al otro a hacer el bien, a ser mejores y a mejorar el mundo. Y finalmente el compromiso de entrega de todo el ser, incluido el cuerpo, para crear algo nuevo: nosotros. Huelga decir que el amor conyugal incluye estos tres pasos que se recrean a lo largo de toda la vida.

Decía antes que la entrega total incluye el cuerpo, esto se realiza a través de lo que le es propio: las relaciones sexuales. Por tanto la sexualidad es un carácter distintivo del amor conyugal, si bien es cierto que no por ser distintivo es lo principal; debe situarse en su lugar de importancia. El amor conyugal es la unión más íntima que se puede dar entre un hombre y una mujer y engloba todas las dimensiones de la persona. Por eso es fundamental tener en cuenta las diferencias físicas, psicológicas, neuronales, etc … que hay entre hombre y mujer.

Las relaciones sexuales para ser plenamente humanas deben trascender el ámbito físico y abrirse al afectivo y al espiritual. Deben así mismo salir llevar a los dos a salir de sí mismos. El amor es expansivo, se comunica a otros, y en este caso particular debe incluir la posibilidad de la existencia de otro como fruto de ese amor y entrega: el hijo. En otro orden, las diferencias psicologías y físicas hace que la respuesta sexual de hombre y mujer sea distinta. Por eso es tan importante sincronizar los relojes, crear una gran armonía por medio de un trato muy delicado, sin forzar jamás la sensibilidad del otro.

Muchas personas se centran en dar amor y no son conscientes de lo importante que es también saber recibirlo. Si no somos capaces de recibir y agradecer el amor recibido impedimos al otro que ame.

Hay numerosa literatura sobre las diferencias entre hombre y mujer, libros, chistes, canciones … Lo importante no es solo conocer las diferencias sino interiorizarlas, llevarlas a la vida diaria. Ello nos ayudará a lubricar los roces y malos entendidos de la vida cotidiana. En este aspecto, es fundamental que el “beneficio de la duda” esté siempre en primer lugar. Nunca permitir el pensamiento de que el cónyuge hace algo para molestar o herir.

Cuando no se conocen y/o no se interiorizan las diferencias pueden llegar las tormentas. Fluyen las incomprensiones, la falta de ilusión, los sentimientos de víctima, resentimientos, la búsqueda de compensaciones fuera del matrimonio. Por eso es tan importante interiorizar las diferencias, acompasar los ritmos y siempre siempre, aplicar “el beneficio de la duda”.

Es la sexualidad humana, como tantos otras realidades de la persona, algo complejo y misteriosa. Por eso existe el riesgo de fragmentar la realidad, de no verla en su totalidad. A este riesgo se une el valor pedagógico de la ley y de lo técnicamente posible. En ocasiones se toman como referencia de la realidad humana, de lo bueno y verdadero, lo que la ley permite y lo que la ciencia es capaz. Triunfa aquí una lógica basada en una ficticia solución de problemas de manera más eficaz que yendo al origen y viendo la totalidad  del misterio de la persona. Fruto de esta visión utilitarista surgen tantos anhelos rotos y vidas no realizadas.

La realidad de la sexualidad humana es que esconde tanto un significado unitivo como uno generativo. La sexualidad humana proporciona momentos de unión placentera muy íntima, de conocerse y darse el uno al otro; pero también incluye la realidad de que es el origen otras vidas. Separar ambos significados nos lleva a tristes realidades como los embarazos no deseados y el aborto, la generación de vida fuera del acto conyugal y los cientos de miles de embriones humanos congelados con los que no se sabe que hacer.

¿Significa esto que hay que tener muchos hijos?, ¿que pasa cuando hay motivos para distanciar los nacimientos? Ante estas preguntas surge lo que se ha denominado “paternidad responsable”, el térino no significa no tener hijos, sino tenerlos de manera responsable. La cuestión nuclear no es el número de hijos que hay que tener, ese es un tema de conciencia y de la pareja, sino el ver a los hijos con una mentalidad generosa, como un Don. El conocimiento de la sexualidad femenina y el recurso a la continencia en periodos fértiles supone una visión integral de la sexualidad humana y respeta la unidad del acto.

Las consecuencias de esta manera de vivir la sexualidad llevan a una verdadera y real corresponsabilidad del hombre y la mujer. Cuando la decisión es fruto, por ejemplo, de una mala salud del cónyuge supone un gran respeto y demostración de amor. Eleva la sexualidad sobre lo meramente físico y afectivo, y fomenta la imaginación para demostrar el amor y el cariño de formas diversas. La regulación natural de la natalidad es, en resumidas cuentas, una forma de vida (lógica del amor). No simplemente una técnica para arreglar un problema (lógica de la eficacia).

El corazón es sabio y con más o menos fuerza, dependiendo si le dejamos o no que nos lo diga, nos indica que la felicidad es consecuencia del amor, de la generosidad, de la unión profunda y de la entrega a los demás. Además nos indica que a pesar de las arideces ese es el camino.

No seamos ilusos. La fuerza del ambiente y las propias debilidades hacen este camino dificil. Por eso es tan importante proteger el corazón. En primer lugar de manera positiva: aprendiendo a disfrutar de lo cotidiano, de lo que tenemos; teniendo una vida sana y equilibrada, manteniendo relaciones sociales, preocupándonos de los demás en vez de dar vueltas a lo propio. Y en segundo lugar evitando aquello que puede hacer daño

Esta es mi pequeña aportación a quienes me pedían una ampliación de la presentación sobre “sexualidad conyugal”. Espero vuestros comentarios.

Una buena idea para mejorar la comunicación en el matrimonio

Son numerosos los problemas que genera una mala comunicación en cualquier ámbito de la vida. Lo que he dicho, lo que no he dicho, lo que has entendido, lo que debía haber dicho, lo que no debía haber dicho. Hay quienes se empeñan en relacionar la comunicación con decirlo todo, como si comunicar fuera solo cuestión de sentimientos o palabras.
Detrás de una buena comunicación hay mucho más que el decir o no decir. Podría haber escrito seis ideas para mejorar la comunicación en el matrimonio, también cinco, catorce o veinte. Pero el camino se inicia con el primer paso así que vamos con una sola idea: conocimiento propio y del cónyuge.
Difícilmente se puede mantener una buena comunicación con la pareja si no se tiene con uno mismo. Esto pasa por madurar como persona, conocer los propios dones y aquello en lo que se puede mejorar. Hay que saber estar a solas con uno mismo y exigirse tanto como perdonarse.
Tiene que haber un conocimiento mutuo, y esto pasa por ser transparentes, profundos. Ser capaces de compartir temores, alegrías, anhelos. Evitar aquello que puede herir al otro, y si hay que decirlo hacerlo con cariño y delicadeza.
Es curioso que la agenda personal se utiliza normalmente para asuntos de trabajo, ocio, amistades … y sin embargo no para el cónyuge. La experiencia nos indica que en numerosas ocasiones solo se hace aquello que ha sido planificado. Si no cerramos huecos para la vida de pareja, seguramente queden “los restos del día”.
Compartir que somos un equipo y tener la seguridad de que nunca nos dejaremos solos el uno al otro. No en la riqueza ni en la pobreza, ni en la salud ni en la enfermedad.
Y por último, cultivar el sentido del humor. No dramatizar, quitar hierro a las situaciones tensas cotidianas. Aprender a reírse de uno mismo, no tomarse demasiado en serio.
Bueno se supone que era una sola idea, pero al desarrollarla salen varias. Pues adelante con el camino, a mejorar la comunicación con quien más amamos.

Cinco mensajes para compartir con tu cónyuge

Hace unos días coincidí con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Al preguntarle que tal le iba me contestó “Bien pero sin presumir”, los dos nos echamos a reir. Luego pensé que existen personas a las que les va bien pero no solo no presumen de ello sino que ni se dan cuenta. La rutina hace perder la ilusión y provoca la falta de agradecimiento, roba la alegría y puede provocar que lo que va bien se tuerza.

Lo recordaba el sábado cuando hablé a un grupo de matrimonios sobre “la comunicación como fundamento del amor conyugal”. Les decía que para vivir un buen matrimonio es muy importante ser capaces de comunicar cinco ideas a nuestra pareja:

1/ Tú me importas mucho 2/ Eres lo primero en mi vida 3/ Me ilusiona nuestro matrimonio 4/ Deseo ser mejor para hacerte feliz 5/ Nunca abandonaré esta aventura

Comunicar no se limita a hablar. No se trata de repetir al oido de nuestra mujer o marido estas ideas, mucho más importante es demostrarlo con el comportamiento cotidiano. Solo después de demostrarlo con hechos se puede confirmar con la palabra. Comportamiento y palabra deben coincidir para reforzar el mensaje y hacerlo creíble.

¿Es posible un amor para siempre?

“Antes de dormir nos damos un beso y nos cogemos de la mano”. Es lo que contestaba hace unos meses una pareja polaca que celebraban su 82 aniversario. Hay matrimonios que celebran sus bodas de oro, otros que permanecen unidos hasta que la muerte los separa. Los hechos parecen demostrar que sí es posible un amor para siempre.
Cuando surge este tema de conversación la mayoría de las personas manifiestan su anhelo de tener un amor para siempre. Se trata de algo que parece inscrito en el alma humana: el anhelo del para siempre (qué bien lo dijo Teresa de Ahumada). Que bien lo escriben y lo cantan los poetas y artistas.

Existe el anhelo de un amor para siempre, hay personas que lo viven, hay otras que no. No pretendo hacer un estudio sobre el porqué, tan solo compartir algunas ideas que creo que pueden ayudar a conseguirlo.

Para poder tener un amor para siempre, lo primero es saber amar. No es algo trivial. Hay muchas personas que no saben amar, no es una cuestión de buscar culpables. No saben amar quienes piensan que el amor es algo que nos viene dado, que nos lleva; no saben amar quienes no saben renunciar a sí mismos o afrontar las dificultades. El amor se aprende desde pequeños. Es posible aprender de mayores? definitivamente sí, pero más costoso.

Un amor para siempre exige saber elegir a la persona adecuada. Volvemos al primer punto, la persona adecuada no tiene porque ser aquella que nos vuelve locos, tampoco aquella que solo nos atrae por sus ideas o porque es maja. Hay que saber conjugar ambas facetas. Cuando antes del matrimonio ya se intuye que la cosa no va a funcionar, por tener maneras de ser incompatibles, por carácter, por lo que se ve en la familia de la pareja, tantas cosas que pueden poner sobre alerta y que muchas veces se intentan resolver con aquello de “yo le cambiaré”

Una vez celebrado el matrimonio hay que seguir trabajando el amor para siempre. Es fundamental enamorarse una y otra vez, alimentar el sentimiento con pequeños detalles, frenar los pensamientos que nos alejan de nuestra pareja, cultivar el sentido del humor, tener siempre esperanza y empeño de mejora personal. Poner sentimiento, voluntad e inteligencia, los componentes del amor humano.

Saber amar, querer amar, elegir con corazón e inteligencia, cuidar el amor cada día con detalles concretos. Tres ideas que se me ocurren para poder disfrutar de un amor para siempre.

¡Ah! y cada noche un beso y un te quiero ….. así hasta los 82 años de matrimonio.

Lo que necesitan los hijos

Los hijos constituyen sin duda una de las principales preocupaciones de la mayoría de los padres. Les preocupa que tengan buenos hábitos, que estudien, que tengan amigos, buena salud, en definitiva que sean felices. Es lógico, cuando se ama a alguien se desea el bien para él. Hay padres que acuden a entrevistas con los profesores de su hijo, otros hacen cursos de padres, leen libros.
Hoy quisiera llamar la atención del hecho de que todo se centra en el hijo. Y considero necesario abrir el objetivo.
Decía el profesor Garcia Hoz que existe un factor invisible y constante que tiene mucho peso en la educación: el ambiente familiar. El ambiente familiar es el oxigeno que se respira en casa, cuando está limpio y equilibrado genera espontáneamente alegría, es atractivo e invita a todos a ser mejores, a participar de la vida de familia. Es el ambiente ideal para crecer felices y equilibrados.
Sin embargo cuando el ambiente es frío, distante, lejano … genera todo lo contrario, pocas ganas de compartir, apenas deseos de ser mejor, tristeza.
Ese ambiente familiar adecuado no se encuentra, hay que construirlo; y es función principal del padre y la madre conseguirlo.
Esta es mi reflexión de hoy: es importante conocer a los hijos, prepararse como padres, acudir al colegio, conocer a sus amigos …. pero hay que abrir el objetivo: el núcleo fundamental de una buena educación y una infancia feliz depende de la relación de mamá y papá. Si ven que estos se quieren, se respetan, se tratan con delicadeza, caminan juntos; sin duda el ambiente familiar será el adecuado y los hijos querrán ser mejores.

Lo que puedo hacer yo …. para mejorar mi matrimonio

Comienza en el hemisferio norte el nuevo curso y con él un nuevo tiempo de propósitos e ilusiones. Sería muy bueno centrar esas ilusiones en lo importante, comenzando por ejemplo por el matrimonio.

Para que los propósitos puedan llevarse a cabo es necesario en primer lugar creer en ellos, pero no un poco, sino absolutamente; sin miedos ni reservas. Sólo se puede vivir un matrimonio feliz si se está dispuesto a quemar las naves, a “poner toda la carne en el asador”, hay que atreverse.

Comencemos por pensar qué puedo hacer yo, no qué puede hacer mi pareja, ni siquiera qué podemos hacer los dos. Sólo en mí tengo posibilidades de actuar. Ya llegará el momento de considerar qué podemos hacer los dos.

Algunos ejemplos de aquello que puedo hacer yo:

Procurar una vida más agradable a mi cónyuge, haciendo lo que se que le gusta y evitando aquello que le desagrada. Si no conozco sus gustos, es el momento de descubrirlos. Por supuesto hay que evitar llevar la contabilidad de lo que hago, y mucho menos para echar en cara o comparar.

Llenarme de optimismo, confianza y buen humor. Esto tiene mucho que ver con no tomarme demasiado en serio, dramatizando lo menos posible. Los peores dramas son los que están en nuestra cabeza, generalmente no existen pero hacen mucho daño, contaminan. Cuando las cosas no vayan tan bien como pensábamos, fomentar la esperanza y mirar para adelante.

Presentar la batalla en las cosas pequeñas, en las posibles. La mejor manera de fracasar es comenzar con mucho ímpetu y sin concretar. La impaciencia será nuestro peor enemigo. Busquemos pequeños detalles que hacen la vida más agradable a nuestra pareja, puede ser una sonrisa, una caricia, servir un café, hacer un comentario amable, quitar importancia a lo que no lo tiene, un paseo, hacer en casa aquella labor que sabemos que menos le gusta …… Lo ideal es tomarse un tiempo, pensar esas pequeñas cosas y escribirlas.

Abandonar costumbres o comportamientos que nos hacen peores personas, programas de televisión basura, amistades inconvenientes, lecturas que desdicen del amor verdadero, aficiones que roban el tiempo al matrimonio.

Y por último, reafirmar nuestro amor en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Permitir en nuestra inteligencia y afectividad solo aquello que nos mejora y hace mejor nuestro matrimonio.

Seguramente si queremos mejorar como personas, mejorará nuestro matrimonio.

Conversaciones de matrimonio

Con frecuencia pensamos que cuando hay un problema en el matrimonio es por falta de comunicación, y suele ser cierto. Sin embargo hace falta profundizar en el significado de lo que es comunicar. No solo lo hacemos con la palabra, también son importantes los silencios, las miradas, los gestos.

Lo importante de una buena comunicación en el matrimonio es que haya sintonía de corazones y voluntades. Cuando cada uno se sabe amado por el otro cualquier contacto ya sea el silencio, una mirada, la manera como tomamos la mano; se convierten en un potentísimo medio de comunicación.

El pilar de una buena comunicación en el matrimonio consiste en que el otro sepa que quemamos las naves con él, que ocupa nuestra cabeza y nuestro corazón, que compartimos ideales y valores, que sufrimos y reímos juntos. Conversar es apasionante, necesario y útil cuando estamos dispuestos a escuchar y aprender, a buscar puntos de encuentro. Una buena conversación implica humildad, generosidad.

No hacen falta grandes momentos ni mucho tiempo para conversar, se puede hacer cada día. Sin embargo el tiempo de vacaciones es ideal para retomar conversaciones y unir los corazones y la voluntad.

Y aprovecho este post veraniego para invitar a los lectores de mi blog a visitar http://www.drawink.es una iniciativa de mi hijo Alejandro, que dibuja como los ángeles. Feliz verano, felices vacaciones en familia.

El auténtico sentido del humor

Al referirse al sentido del humor se puede caer en el error de identificarlo con lo chistoso, lo gracioso o con la risa. No es ese el auténtico sentido del humor. Este guarda más relación con la forma de afrontar la vida, las distintas situaciones que se presentan; y en particular las propias limitaciones y las contradicciones. El sentido del humor ayuda a mantener la calma, va de la mano con la templanza al afrontar lo bueno y malo.

Aceptar la vida y sus vicisitudes con templanza y un sentido trascendente, nos conduce a disfrutar de un sentido alegre de la vida, a ser agradecidos. A tomar las cosas con buen humor. El sentido del humor necesita no estar demasiado pendiente de uno mismo y pensar más en los demás

Amar y sentirse amado descomplica mucho la vida y ayuda a vivir de manera generosa
y al servicio de los demás, algo muy difícil aunque no imposible. El buen humor se vive en los detalles menudos, en lo cotidiano. De nada sirve esperar grandes ocasiones que casi nunca llegan, además cuando lo hacen pueden pillarnos desentrenados.

Cuando la libertad y la obediencia van de la mano …..

En el imaginario colectivo está impreso que libertad y obediencia son incompatibles. No sólo lo creen muchos niños y jóvenes, lo peor es que lo creen también padres y educadores. De esta guisa, solo hay dos opciones: si se obedece no se actúa libremente, y si se quiere actuar libremente no se debe obedecer.
La realidad es que una obediencia sin libertad es una contradicción en sí misma. Cuando una persona actúa según reglas que interiormente no acepta o cuyo sentido no entiende, no es libre.
Es la tarea educativa es fundamental ir preparando a los niños desde pequeños para que obedezcan inteligentemente, explicándoles el sentido de lo que hacen y porqué lo hacen.
La obediencia debe estar muy unida a la confianza y al amor. Sólo de esa manera se puede obedecer en libertad.
Si quieres que tus hijos te obedezcan dales pocos mandatos. Centrate en aquellos que afecten a aspectos importantes, y hazlo con fortaleza, con cariño y con coherencia en tu actuación. Mandar con prudencia es la antesala de la obediencia.
Los hombres no sólo somos libres, sino que necesitamos sentirnos libres.

6 ideas para mantener tu familia unida

“Ideas para mantener a la familia unida” titulé una ponencia centrada en la importante tarea de los padres como creadores del ambiente adecuado para que la familia pueda cumplir su papel de educadora y formadora de personas equilibradas, maduras y felices.

Si os interesa leerla completa podéis descargarla pinchando aquí

Prepárate para superar la crisis de los 40

Mucho se habla de las crisis personales, a veces se les da demasiado dramatismo y terminan siendo traumáticas. Lo mejor es saber que existen, cuáles son sus manifestaciones y el porqué de ellas. Recupero unas notas de una conferencia que di recientemente sobre la famosa crisis de los 40.
La vida comienza prometiendo mucho, sobre todo en la infancia y la pubertad. Hasta que se llega a la mitad de la vida (los famosos 40 años) todo es nuevo, planes, ilusiones, deseos. La propia vivencia, si no se renueva la ilusión cada día, va creando la idea de que ya hay pocas novedades, que la vida pierde su frescor. Se experimenta que no todo es de color de rosa y la “existencia adquiere el carácter de lo ya sabido”, se empieza a estar de vuelta de todo.
Leí hace algún tiempo que “cuando la gente llega a los cuarenta, los casados quieren descasarse, los frailes hacerse curas; los médicos, abogados; los abogados, ingenieros; y todo así: es como una hecatombe espiritual”
¿Cómo superar esta situación? Creo que lo más sencillo es aprender a disfrutar de la vida en lo que nos ofrece cada día, en lo cotidiano. Tarea fundamental de los padres es transmitir a los hijos esta actitud optimista, esperanzada y agradecida. La clave está en el agradecimiento y en vivir la vida sorbo a sorbo. Hay quienes aconsejan vivir a tope, pasar los límites …. atragantarse de vida. Creo que es más sabio ir paso a paso y sin saltarse ninguno.
Que los niños sean niños el mayor tiempo posible, así también los adolescentes ….. ir paso a paso, sin adelantarse, sitúa a los cuarentones en una vida equilibrada y madura, ideal para disfrutar y superar la crisis de los cuarenta y seguir disfrutando de lo que venga por delante.

El escándalo de defender la indisolubilidad del matrimonio

Las relaciones familiares son múltiples: esposos, hijos, hermanos ….. Parece una obviedad afirmar que no se puede dejar de ser hijos ni hermanos, no existe la posibilidad de romper esos vínculos. Se puede dejar de hablar o de tratar a un hermano pero no se puede dejar de ser hermano. Es algo que nadie discute. Y sin embargo el vínculo familiar originario de estas relaciones: el matrimonio; es continuamente puesto en solfa. Al hombre contemporáneo le resulta muy difícil entender que este sea, como las demás relaciones familiares, indisoluble.

Existe una diferencia clara entre el origen de la conyugalidad y la filiación o la fraternidad. Mientras estas son impuestas, nadie elige a su hijo o a su hermano; el matrimonio se fundamenta en un acto libre, en la elección de una persona. ¿Bastaría esta diferencia de origen para justificar la posibilidad de ruptura? Creo que no. Vayamos al origen del matrimonio.

Para algunos el matrimonio es simplemente una realidad legal, un contrato libremente firmado por dos personas. Por lo tanto sujeto a ruptura de mutuo acuerdo. En esta realidad sería el estado quien regula las leyes del matrimonio, hace y deshace, decide lo que es matrimonio y lo que no.

Para otros se trata simplemente de una relación afectiva, y como tal “regulada” por los sentimientos. En consecuencia una relación “débil”.

Desde el punto de vista de las dos visiones anteriores se podría justificar que el matrimonio fuera reversible si cesa la voluntad de mantener el contrato o cambian los sentimientos.

¿Porqué entonces algunos se empeñan en defender la indisolubilidad del matrimonio? Quizás porque entienden que en el análisis anterior faltan elementos, y elementos esenciales. Leí hace algún tiempo que el matrimonio se asemeja a un espejo roto en el que lo reflejado permite intuir la imagen originaria pero no la realidad. Algo similar ocurre con el matrimonio ¿contrato? ¿sentimientos? sí, y algo más. Y todo formando una unidad.

El amor conyugal supone la entrega incondicional al otro más allá de contratos y sentimientos. Sí, el sentimiento y los afectos mueven a casarse. Sí, el compromiso se refleja en un contrato. Sin embargo el matrimonio va un paso más allá: se fundamenta en la entrega y aceptación incondicional de la vida, y del cuerpo, de los contrayentes en un acto de total y absoluta libertad.

En un contrato no se entregan las personas, éstas no se ven afectadas en su constitución. Tampoco parece lógico entregar la libertad y la vida por un mero impulso sentimental. Darse al otro implica renunciar a la propia libertad, no pertenecerse ya más.

Las relaciones familiares, todas, afectan a la esencia del ser de las personas. Se es marido o mujer, se es hijo o hermano.

De esta manera la indisolubilidad del matrimonio se integra en una lógica aplastante que se ve cuarteada por un modo de pensar fraccionado y relativista. En una sociedad acostumbrada a adaptar las realidades a los propios intereses, entiendo que resulta un escándalo reivindicar la indisolubilidad del matrimonio.

Ideas para disfrutar de una vida equilibrada

Es fácil experimentar que la felicidad y la plenitud tienen mucho en común con la armonía, el equilibrio y la madurez. Por contra cuando gobiernan la vida el capricho, los sentimientos exagerados o el mal carácter, las personas no se encuentran a gusto ni consigo mismos ni con el mundo. Resulta entonces difícil disfrutar de paz y ser feliz. Es cierto que en esta realidad de los sentimientos y de la afectividad hay una cierta base heredada, sin embargo es mucho lo que la educación puede hacer. Resulta necesario que la educación contemple la formación de la afectividad.

El núcleo gordiano de la educación consiste en encontrar el equilibrio entre lo que pide la afectividad: el placer y el bienestar; y lo que dicta la razón: el bien. Como ambas no suelen coincidir la lucha está servida entre lo que apetece hacer y lo que se debe hacer. Valga como ejemplo el del estudiante que sabe que debe estudiar pero al que apetece salir con los amigos o jugar con la videoconsola.

Una buena educación pasa por colocar en su lugar la afectividad: conseguir que esta sea activada y dirigida por la voluntad (guía a tu corazón, no te dejes llevar por él). Actuar de esta manera resulta difícil ya que ante una disyuntiva la valoración de la afectividad es más rápida y fuerte que la racional. Los movimientos afectivos necesitan gobierno y moderación.

¿Qué hacer para conseguir este orden y equilibrio entre afectividad y racionalidad? La batalla se mantiene cada día y sólo se gana en lo pequeño. Son los pequeños vencimientos diarios los que ordenan la cabeza y el corazón. Por ejemplo venciendo la pereza a la hora de levantarse de la cama o cumpliendo un horario de estudio.

Otras ideas que ayudan a mantener ese equilibrio pueden ser:

- un ritmo alimenticio adecuado: comer a determinadas horas y no cuando el estomago quiere

- alternar durante el día momentos de cansancio con otros de descanso

- dormir las horas adecuadas a la edad: acostarse y levantarse a horas previstas y razonables

- realizar actividad física que siempre supone un mayor o menor esfuerzo y vencimiento

La idea es que el mapa final sea este: la racionalidad tiene el poder político, la afectividad se deja gobernar y el cuerpo se resigna y ofrece una menor resistencia. Para que esto ocurra hay que mantener pequeñas luchas cada día en un ambiente familiar alegre y optimista.

Truquillos para mejorar la comunicación en el matrimonio

A veces no basta que haya amor y buenas intenciones entre los cónyuges. Las mejores intenciones sirven para poco si la comunicación entre la pareja es áspera o provoca enfrentamientos. El origen puede estar en los defectos de carácter, en errores de interpretación, la falta de detalles, las prisas. Hoy me atrevo a compartir algunos truquillos para mejorar la comunicación en el matrimonio.

El primero es que hay que saber escuchar. No se trata tan sólo de dejar al otro que hable sino de hacerlo escuchando, mostrando interés en lo que dice. El lenguaje corporal es muy importante, con los gestos y la mirada se puede destrozar la comunicación sin haber dicho nada.

Unido al truquillo anterior, es fundamental fomentar la conversación. Hay personas que sólo escuchan a los demás para encontrar el hueco y “soltar su rollo”, escuchar de esta manera provoca tensiones y aleja la necesaria tranquilidad. Lo mismo ocurre cuando el que habla no deja intervenir, o considera que un comentario de la pareja significa que no escucha. La conversación es algo vivo, de dos; una relación a través de las palabras, los gestos, los silencios.

Posiblemente una de las aptitudes más difíciles de alcanzar para los seres humanos sea la de ser objetivos. La dimensión afectiva hace que los estados de animo, los recuerdos y las esperanzas interfieran en la comunicación. Es bueno evitar los malos entendidos, los presupuestos, los recuerdos negativos.

Por último, creo que es fundamental buscar los mejores momentos para conversar. Evitar los momentos de cansancio y estrés y buscar aquellos en los que nos encontramos más relajados y positivos. Y tan fundamental es saber dar, como saber recibir.

Decía un amigo que cuando se habla poco, lo poco que se habla es de conflictos, y esto es lo que les ocurre por desgracia a muchos matrimonios. Las prisas y las preocupaciones hacen que lo poco que se habla tenga que ver con problemas económicos, recibos del banco, el colegio de los hijos. No se comparten afectos, sentimientos, anhelos sino que la relación se convierte en una reunión de gestoría.

Como en tantos aspectos de la vida, una buena comunicación en el matrimonio comienza por uno mismo. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar? ¿Qué hago que ponga nerviosa a mi pareja? ¿Que necesita de mí?

 

 

Cuatro ideas a tener en cuenta si te vas a casar, vale también para casados

Según los datos del INE, cada año aproximadamente 85.000 parejas contraen matrimonio en España. Aunque en algunos casos no sea así, la mayoría lo hace asumiendo un compromiso de permanencia y poniendo en ello la máxima ilusión. Seguramente sea por eso que las rupturas matrimoniales siempre se consideran un fracaso. Para ayudar a quienes van a dar ese paso tan importante en su vida, comparto hoy cuatro ideas que bien pueden servir de brújula.

Indudablemente la primera tiene que ser cásate por amor. Cásate porque la persona con quien lo haces te emociona, sois complementarios, os gusta compartir la vida y proyectos de futuro. Cuando piensas en él o ella sientes hormigueo en el estomago, si le ves sonreír sonríes, si está preocupado te preocupas. Estáis llenos de planes de futuro y queréis hacerlo juntos.

Se atribuye a Chesterton la idea de que es feliz quien se casa con la persona a la que ama, pero que lo es más quien ama a la persona con la que se ha casado. Parece un trabalenguas pero esconde algo sustancial. Siendo importante que te cases por amor, lo es más casarte para amar. Se plantean aquí dos visiones del matrimonio: una pasiva, casarse por amor; y otra activa, casarse para amar. Ponte manos a la obra desde el primer día. Considerarlo como un trabajo, como algo en lo que hay que poner cariño y empeño. Para que el amor permanezca hay que mejorarlo con pequeños detalles.

Para poder avanzar y mejorar el matrimonio, es fundamental no confundir enamoramiento y amor. Los sentimientos son consustanciales a la persona humana, y por ello forman parte del amor. Sin embargo no tienen vocación de permanencia, no hagas recaer el peso del matrimonio en ellos, si lo haces perderás el timón de la barca. Lo fundamental es el compromiso de amar, independientemente de tus estados de animo o del momento.

Lo anterior refuerza esta cuarta idea: alimenta desde el primer día de matrimonio el sentimiento y la ilusión. Cuida los detalles en el trato, llena tu corazón de buenos propósitos y deseos de complacer a tu cónyuge. Focaliza el trabajo en tu mejora personal y cuando algo no vaya bien, piensa qué puedes hacer tú. Comparte esto con tu pareja, vuestro proyecto personal es ahora inseparable del proyecto común.

Cuatro ideas básicas: casarse por amor, casarse para amar, no confundir amor y sentimiento y alimentar el enamoramiento e ilusiones cada día. Los cuatro polos de la brújula del matrimonio.

Cultivar un amor para siempre

Todas las relaciones personales están sujetas al desgaste propio de la limitación humana. El roce del carácter propio y de los demás, las preocupaciones, los egoísmos, la búsqueda de la propia satisfacción y tantas otras realidades desgastan, y mucho, el trato entre las personas.
Lo mismo ocurre en el matrimonio. A las limitaciones personales se unen en muchos casos el acostumbramiento, la perdida de ilusiones, el pasar del tiempo y dejarse llevar de él.
Se me ocurren algunas ideas que pueden ser útiles para evitar el desgaste propio de la convivencia.
– Es bueno que el marido y la mujer gocen de cierta autonomía, que se dejen espacios. No es necesario compartirlo todo, ni tener las mismas aficiones. Es más, esa autonomía en ciertos asuntos enriquecen el matrimonio. Notese que me refiero a cierta autonomía y no a independencia. El limite se sitúa ante aquello que suponga perjuicio para el proyecto común.
– De la misma manera que es buena cierta autonomía, es imprescindible tener tiempo en común. Tiempo exclusivo para estar los dos solos, para pasear, hablar, recrear el compromiso, refrescar el amor. Se trata de algo siempre necesario, pero quizás más cuando los hijos pequeños absorben el tiempo.
– Si el sentido del humor es fundamental en cualquier ocasión, no lo es menos en el matrimonio. Es muy sano reír juntos, evitar el dramatismo, buscar el lado positivo de lo que ocurre.
– Cuando surgen problemas externos, ya sean de tipo laboral, económico u otros, es necesaria una unidad fuerte y nunca afrontarlos solos.
– Una gran delicadeza en el trato, cuidando las palabras y los gestos. Echando cada día pequeñas ramas que mantengan el fuego, alimentando el afecto, cuidando las relaciones intimas.
No es tan difícil, tampoco fácil, sin embargo el amor todo lo puede.

El amor no es sólo asunto del corazón

La sabiduría no es mero conocimiento sino que se caracteriza por integrar la realidad, ve o intuye la totalidad y rechaza la parcelación. Quizás por el exceso de información, por los prejuicios ideológicos o porque la sabiduría es exigente, no es esta algo característico de nuestro tiempo. Al pensar el amor hombre-mujer se tiende a separar el amor en compartimentos estancos: sentimientos, pasión, compromiso, deberes ….. sin considerar que forman una unidad armónica. El amor conyugal engloba todas las dimensiones, no son partes separables sino un todo que se retroalimenta.

Twiteé la semana pasada que amor verdadero no se puede fundamentar en las emociones o en sentir hormigueo en el estomago, sería un cimiento demasiado débil. Sin embargo es no sólo bueno, sino conveniente recrear esa dimensión del amor. El amor-sentimiento (enamoramiento) se puede fomentar con el amor-voluntad y viceversa. Con pequeños detalles de renuncia a la propia comodidad, a las manías, a ciertos planes o a la propia opinión.

Las pequeñeces de generosidad y desprendimiento alimentan las emociones y el enamoramiento.

Según se afirma en el vídeo, en el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente las áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza.

Sabiendo esto es más fácil vivir un amor inteligente e integrador. ¡Claro que es posible un amor para siempre si le guía la sabiduría de saber que el amor es sentimiento, inteligencia y voluntad. Maravilloso círculo virtuoso!

@anibal_cuevas

Lo que se espera de un padre

Si tuviera que resumir en dos ideas lo que se espera de un padre diría que son transmitir al hijo lo bueno y verdadero, y mostarle con el ejemplo la manera de vivirlo. Y cuáles las principales virtudes que debe de tener un buen padre? Entre otras, la fortaleza para exigir, el cariño para dar seguridad,y la humildad para luchar por ser mejor y pedir perdón cuando sea menester.

Son unas breves consideraciones al hilo de la noticia de la renuncia de Benedicto XVI . Él ha superado la prueba con nota.

¿Le has preguntado a mamá? Una idea para que tus hijos obedezcan

Preocupa mucho a todos los padres la desobediencia de sus hijos. Suele ser el principal motivo de enfados y enfrentamientos, no sólo con ellos sino también entre los cónyuges. En educación no existen recetas pero sí pequeñas ideas que pueden ayudar, vamos con una para fomentar la obediencia.

En varias ocasiones he escrito en Ser Audaces que los hijos necesitan que los padres se quieran, que estén unidos. Creo que la piedra filosofal de la educación consiste en que el padre y la madre  estén de acuerdo en los principios educativos y que se muestren unidos ante los hijos. No existe nada más demoledor para la formación de los niños que comprobar que entre sus padres hay diferencias, y que decir si estas derivan en discusiones.

Es algo muy humano ir buscando los limites, ocurre en la vida social, laboral, etc….  Si nadie pone esos límites llega la anarquía. Los niños buscan, y necesitan esos limites, pero necesitan tenerlos claros. Por eso lo primero que tienen que hacer los padres si quieren que sus hijos obedezcan es estar de acuerdo y mostrarse unidos.

Me lo explicaba un amigo con un ejemplo muy práctico: ” Cuando mis hijos vienen a pedirme permiso para algo les pregunto si ya se lo han preguntado a mamá, si me dicen que sí les pregunto ¿entonces porque me preguntas a mí? y si me responden que no, entonces les digo que le pregunten a ella. Lo mismo hace mi mujer. Se trata de que los dos demos el mismo criterio. Si alguno de los dos no está de acuerdo en lo que ha dicho el otro, lo hablamos después a solas”

Esta unidad del matrimonio hace que los hijos se sientan seguros, exigidos y queridos; y además evita discusiones y ambientes tensos.

Preguntas y respuestas sobre el matrimonio y la vida de familia

Hoy recupero una entrevista que me hicieron recientemente sobre el matrimonio y la vida de familia. Espero que sea útil.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan los matrimonios hoy en día ¿qué propicia que se rompan el 50% de ellos en Europa? ¿Y las familias en general?

Sin duda se trata de un tema muy complejo que engloba muchos ámbitos de la vida, no solo influyen factores personales o de la pareja sino ambientales, sociales, laborales, económicos ….. Como me gusta ser práctico, enunciaré algunas de las causas de fracaso que está en la mano de los cónyuges evitar.

Nuestra sociedad es excesivamente afectiva y sentimentalista, existe una confusión muy grande entre lo que es el amor y lo que es el enamoramiento. Amar a alguien es querer el bien para él, hacer todo lo posible para que sea feliz, olvidarse de uno mismo ….. darse incondicionalmente. El enamoramiento tiene más que ver con estados de ánimo, sentimientos, etc… y es por tanto variable. ¿Es malo el enamoramiento? No, pero como base del matrimonio es muy endeble.

Otro factor de fracaso es el error de concepto entre ser libre y ser independiente. Cuando me caso lo hago libremente, puedo renunciar a cosas libremente, es decir puedo, y debo, ser libre en el matrimonio pero sin perder de vista que este no es la suma de 1+1 sino algo nuevo. La independencia supone desvinculación, falta de comunión , cada uno a lo suyo, estar a la defensiva para que no me anulen.

También quisiera destacar que las psicologías masculina y femenina son distintas, ni mejor ni peor una que otra. El hombre no puede pretender medir o interpretar lo que hace o dice la mujer de acuerdo a sus esquemas, y viceversa. Hay que ponerse en el lugar del otro, conocerle y conocer sus características propias.

Por último, creo que muchos de los fracasos se dan por motivos relacionados con cómo se vive la sexualidad. Aquí la idea del hombre y la mujer son muy distintas. Cuando se circunscribe a lo meramente físico estamos en vías de fracasar; hay que recuperar lo afectivo y lo espiritual en las relaciones conyugales.

¿Qué se puede hacer para que el matrimonio se mantenga unido? 

De manera telegráfica: ser fiel al proyecto común, poner toda la carne en el asador, “quemar las naves”. Mostrar aprecio y respeto a la pareja en pequeños detalles cada día. Ser comprensivos uno con el otro, saber perdonar y pedir perdón, ser agradecidos. No permitir pensamientos tóxicos sobre la pareja sino positivos, fomentar durante el día las ganas de volver a casa; desterrar el victimismo y por último una vida sexual feliz, humana, integrada que busca algo más profundo que el mero goce físico y relacionada con lo más grande del amor: dar vida

¿Qué errores son los que comenten más frecuentemente tanto el hombre como la mujer una vez casados?

El genial Chumy Chumez afirmaba que el más eficaz disolvente del matrimonio es el aburrimiento y la monotonía. El matrimonio comienza con una ceremonia de compromiso, es desde ese momento cuando tenemos que cuidar lo que acaba de nacer. Estar enamorado no solo del cónyuge sino de la vida en general, buscar razones para vivir, y buscarlas juntos. Pienso que compartir una visión trascendente de la vida es muy importante. Hay que elevar la vida matrimonial, ponerla en otra dimensión y que no sea simplemente algo más de la vida diaria que a veces tanto oprime.

¿Qué diferencia los matrimonios actuales de los de antaño, que generalmente duraban toda la vida?

De entrada soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado no fue mejor, no añoro otros tiempos. Es cierto que las legislaciones y el ambiente eran más propicios al matrimonio. Sin embargo lo importante es cada matrimonio, por eso frente a ese 50% de fracasos del que hablábamos al principio, hay otro 50% que cuida su matrimonio, que se preocupa de su cónyuge y sus hijos, que cultiva su amor, que está dispuesto a darse y que, además disfruta mucho de la vida de esta manera.

Quizás hace falta más compromiso, más atrevimiento, más audacia para afrontar cada día con ganas de sacar el matrimonio adelante. Una idea que me parece genial es lo que parece ser que le dijo el Canciller Bismarck a su esposa, “me casé contigo para amarte”. Es decir, me caso contigo porque te amo, pero lo hago para amarte. El amor es algo vivo que se recrea cada día en pequeños detalles.

¿Cómo afecta sobre los hijos la relación que mantienen los padres entre ellos?

Llevo bastantes años impartiendo cursos de orientación familiar y me he dado cuenta de que por mucho que los padres sepan sobre características de los hijos, sobre autoridad, uso del tiempo libre, etc.. el éxito en la educación está en el amor que se profesan ellos dos. Los hijos necesitan, para crecer equilibrados y alegres, que papá y mamá se quieran, un ambiente de seguridad física, afectiva y espiritual. Creo que ver a sus padres unidos, demostrándose en pequeños detalles cotidianos su amor e ilusión, verles afrontar juntos los malos momentos y disfrutar de los buenos, compartir criterios; en definitiva procurando  un ambiente familiar adecuado, es lo más importante.

¿Cree que los hijos serán un reflejo de lo que han visto en casa, ya sea un matrimonio desestructurado, o en cambio, tendrán una vida en pareja feliz si es lo que han respirado en casa?

Como ya he dicho, un buen ambiente familiar es fundamental para crecer felices y equilibrados. Los niños que se han sentido queridos, que han vivido en un ambiente alegre y optimista serán de adultos personas equilibradas y felices. Sin duda la relación de su padre y su madre será el paradigma para sus futuras relaciones de pareja. Ver cada día a unos padres unidos, delicados en el trato, que se aprecian y respetan marca pautas de comportamiento para el futuro. No olvidemos que la educación y la formación más que en los libros o las ideologías se aprenden viendo el comportamiento de otras personas.

¿Qué medidas establece en su casa para mantener la unidad familiar?

Quisiera resaltar una que me parece el quicio sobre el que apoyar las relaciones y la vida de familia: la comida. Si quieren tener éxito en su vida de familia recomendaría a los padres que realicen el mayor número de comidas en familia, si es posible una cada día. En un ambiente relajado y natural como es la comida, o la cena, se está en mejor disposición de escuchar, de hablar, de ser generosos, educados. Se dan momentos de diversión, de contar anécdotas que quedan en el recuerdo. Por supuesto, los llamados gadget electrónicos (móviles, smartphones, etc….) no están invitados. Es el momento de la familia por excelencia.

Puedes seguirme en twitter @anibal_cuevas

Aprendiendo a disfrutar las puestas de sol pigmeas

El tiempo es algo objetivo y medible. Sin embargo las personas lo gestionamos de distinta manera, ante una misma tarea hay personas a las que les sobra tiempo mientras a otros les falta. También hay personas que van acelerados a todas partes mientras otros lo hacen más tranquilos. En el mundo laboral y social suele ser corriente vivir con prisas, se vive con la sensación de que no se llega. En ocasiones esto tiene que ver con maneras de ser. En otras, la presión de algunos jefes y empresas hacen que las personas tengan una visión de tubo de la realidad, incapaces de mirar a los lados se pierden muchos matices y realidades.

Vivir así es una desgracia ya que en muchas ocasiones, especialmente en el trabajo, no depende de uno mismo salir de esa situación. Lo peor de esto es que al llegar a casa se siga actuando y pensando de la misma manera. Se fijan los objetivos y la meta es alcanzarlos (visión de tubo) perdiendo todos los matices, olvidando que lo importante son las personas y las relaciones familiares. Se sucumbe ante la lógica de la eficacia en detrimento de la lógica del amor.

Al llegar a casa debiéramos ser capaces, o por lo menos intentarlo, de dejar el sombrero de las prisas, las brusquedades y la falta de delicadeza en la entrada, centrándonos en las personas que queremos.

Chesterton es siempre una fuente de inspiración, os dejo esta cita de su autobiografía:

“Yo admiraba más los grandes inventos científicos a pequeña escala. Siempre me atrajo mucho más el microscopio que el telescopio. Cuando de niño me hablaban de remotas estrellas a las que nunca llegaba el sol, me conmovía tan poco cuando de adulto me hablaban de un imperio en el que nunca se ponía el sol. No veía ninguna utilidad a un imperio sin puestas de sol. Sin embargo me sentía inspirado, emocionado, al mirar un cristal como una cabeza de alfiler a través de un agujerito y verlo cambiar de forma y color como una puesta de sol pigmea”

Para que los niños lean

No debiera resultar extraño hablar de la lectura a padres con hijos menores de seis años, cuando precisamente se aprende a leer a partir de esta edad. En las siguientes líneas pretendo mostrar que los lectores se forjan desde el nacimiento y que por tanto la lectura es un tema de formación para padres con hijos pequeños.

Los lectores se forman desde que nacen. ¿Quién no recuerda a Bastián (“La historia interminable”) gozando con un libro?. Cuantas sensaciones y vivencias extraordinarias se pueden vivir a través de un buen libro. Hoy en día la lectura, gran afición del tiempo libre, se encuentra minusvalorada y ha sido relegada en beneficio de lo audiovisual (consolas, tablets, etc…).

El ámbito más privilegiado para forjar lectores es la familia. Un hogar con libros, unos niños que vean leer libros a sus padres, son unos niños predispuestos a amar los libros. Los lectores se forjan en el hogar. Qué recuerdos podremos dejar a nuestros hijos contando o leyendo cuentos por la noche, o comentando con ellos sus libros. La lectura relaja, supone soledad, reflexión, pensar, es como un parón en esta vida tan ajetreada.

El niño, en los primeros meses se comunica por medio de lloros, gestos, pataleos… y también por medio de sonidos, que repite y repite, y le resultan muy divertidos. Es la época de los “cinco lobitos”, de “este puso un huevo…”, “aserrín, aserrán…”.

A estas edades a los niños les encanta ver cuentos con los mayores, libros de grandes imágenes y dibujos. A través de estos libros el niño aprenderá el nombre de las cosas, podremos jugar con él a encontrar cosas, y cuando lo encuentre le aplaudiremos, y reiremos juntos, le podremos contar cuentos cortos y poco a poco el niño relacionará los libros con momentos estupendos. Aprenderá palabras, y lo más importante, estará con papá y mamá.

Los libros unen a la familia.

-de 3 a 5 años (fantasía y realidad)

Por medio de la palabra el niño expresa sus sentimientos. En estas edades el mundo interior del niño es riquísimo y admite todo, lo real, lo absurdo, lo posible y lo imposible.

Nos encontramos en la etapa de la fantasía, de lo mágico. Es la edad de la imaginación y por lo tanto les encanta los cuentos, creen en los personajes, los imaginan, se alegran y sufren con ellos. Los cuentos deben ser rápidos, ágiles, con temas tales como hadas, animales personificados, etc…

Los libros evitan la uniformidad en el pensar, da rienda suelta a la imaginación, un libro puede ser leído varias veces y verse de distinta manera. La lectura no sólo sirve para entretener sino para formar. Por medio de la lectura podemos inculcar valores sociales, religiosos, morales, familiares.

Los libros no son neutros, transmiten valores o antivalores, por ello es muy importante que los padres sepamos que libros leen nuestros hijos. La lectura tiene que ser una actividad agradable, para ello deberemos estimular positivamente al niño, para que coger un libro sea para él un acto amable, positivo.

Cada edad tiene unas características, y por tanto no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis. Enseña a tu hijo a amar los libros. Los libros y las edades Decíamos que no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis.

Deberemos conocer las características propias de cada edad, además de la forma de ser del niño, pero básicamente valgan las siguientes indicaciones:

-De 0 a 3 años (aprendiendo a hablar)

La base de la lectura es la palabra, por tanto es fundamental la etapa de la adquisición del lenguaje.Conviene que les quede clara que es un cuento, y no realidad, y para ello podremos empezar diciendo aquello de “erase una vez”, “me contaron”.Deben existir pocos personajes y que intervengan niños y animales.

También es conveniente que quede bien delimitado el bien y el mal, no confundiendo conductas o sembrando dudas, y sobre todo debe existir un final feliz. El triunfo del bien.

-De 6 a 7 años (primeros lectores)

Es la edad ideal para motivar en la lectura, a través del cuento aprenden a amar los libros y a darse cuenta que leer entretiene y divierte. Convendrá que lean en bajo y también en alto, y de esta manera la familia participará de sus progresos y el niño saldrá reforzado en su motivación.

CONVIENE SABER QUE…

-Los lectores se forman desde que nacen.

-Existen libros para todas las edades.

-Para los más pequeños convienen libros con hojas duras y con grandes dibujos.

-Para los pre-lectores con algún libro de letras y dibujos.

-Es fundamental el ambiente de lectura en casa.

-Los libros no son neutros, dan valores o antivalores, hay que seleccionar.

-Debemos motivarles y disfrutar con ellos.

-El cuento es nuestro principal aliado para formar lectores, no nos cansemos de repetir el mismo cuento (les encanta y fomenta la memoria).

Diez tonterías para casados

Sin duda, los buenos sentimientos proporcionan una sensación de felicidad y equilibrio que todos anhelamos. En esta linea, es más inteligente moverlos que ser movidos por ellos. “No te dejes llevar por tu corazón, guíalo” es un sabio consejo.

Hoy quería compartir diez tonterías que pueden ser útiles para cuidar y mimar nuestro matrimonio. Nos ayudarán a guiar nuestro corazón y hacer crecer el amor verdadero.

1. Lucha con tu carácter, no permitas que te intoxiquen el pesimismo y el victimísmo. Son el peor virus para el amor.
2. Demuestrale con detalles concretos delicadeza y educación. El amor es educado. Por ejemplo cediendo el asiento, abriendo la puerta y cediendo el paso a la vez que sonríes.
3. Prepara el café como sabes que le gusta. Demostrarás amor tanto al prepararlo como al conocer sus gustos.
4. Ten algún detalle material, un pequeño regalo, de vez en cuando. Para acertar, deberás estar pendiente de sus gustos y comentarios.
5. Envía algún mensaje positivo cada día, del tipo tengo ganas de verte, etc…
6. No conviertas a tu cónyuge en el centro de tus frustraciones y decepciones. Se pueden compartir los malos momentos sin ser cenizo, haciéndolo en un ambiente positivo y compartiendo también esperanzas. El victimísmo machaca la relación.
7. Cuando cedas en algo, hazlo por amor, no lo eches en cara y olvídalo. No lo guardes en el “baúl de los recuerdos” listo para saltar en cualquier momento.
8. Cuida tu aspecto físico, tu arreglo y ropa para agradar a tu pareja. Hacerlo refleja interés en la persona y en la relación. La dejadez lleva al aburrimiento y la monotonía.
9. Haz de las relaciones intimas, una continuación de los deseos que durante el día has procurado poner en práctica para hacer feliz a tu cónyuge
10. No olvides que sólo se ama amando y que el amor verdadero está en lo pequeño. No esperes momentos heroicos para demostrarlo, no llegarán. Y si llegan, no estarás preparado.

Tiempo de ocio para ser mejores

Tanto en la vida personal como en la educación de los hijos es conveniente tener en cuenta que el ser humano es unidad y que para vivir una vida equilibrada y feliz es necesario respetarla. Necesitamos ser coherentes y no dividir la vida en compartimentos. Difícilmente se pueden vivir virtudes en aspectos concretos de la vida y no en otros, la personalidad se resiente, y los padres transmitimos esa forma de vida a los hijos actuando así.

Los valores en los que creemos y que sirven para la vida de familia, deben ser los mismos en la vida social y profesional. La generosidad, la sinceridad, la responsabilidad y tantas otras virtudes, o se intentan vivir todo el día o se corre el riesgo acabar desequilibrado.

Me vienen estas ideas a la cabeza al pensar sobre el tiempo de ocio, tanto el de los jóvenes como el  de los adultos. Muchas personas tienen la idea de que el tiempo de ocio es tiempo para “desparramarse” o, en el mejor de los casos, para no hacer nada. El carácter integral de la persona hace que esto sea perjudicial e inhumano. El tiempo de ocio tiene que formar parte de la lucha por ser mejores,  los hijos tienen derecho a ser educados de esta manera.

La felicidad es para los enamorados

John Lennon lo reflejó muy bien cuando cantaba “la vida es lo que pasa delante de ti mientras estás haciendo otros planes”. Y es que existe una cierta tendencia a ser espectadores de nuestra propia vida, como si las cosas ocurrieran porque sí y la vida fluyera por inercia.

Es lo que puede ocurrir en la vida matrimonial cuando los cónyuges no toman el mando de su relación desde el mismo día de la boda, y se dedican a vivir de las rentas. Hay que estar prevenidos ya que si los protagonistas no ponen los medios para que su amor sea para siempre, otros (la presión social, la rutina, el egoísmo …) lo harán para que no sea posible.

Saber cuáles son algunos de los principales enemigos del matrimonio puede ser muy útil para afrontarlos en positivo, vamos allá:

El tiempo y sus lógicas consecuencias que llevan a que la pasión de paso a un amor más tranquilo, y a que esto se confunda    con falta de amor
La falta de comunicación, y no solo de dialogo, sino de vibración con las mismas cosas
La rutina y el aburrimiento. Perder la capacidad de asombro y el deseo de sorprender y ser sorprendido.
Unas relaciones sexuales en las que falta la ternura y que no sirven para manifestarse amor.
No cuidarse para el cónyuge y buscar fuera sentirse atractivo/a y seductor/a

Releyendo estas lineas me doy cuenta de que son los mismos enemigos que impiden a tantos tener una vida feliz. Y es que al final, la felicidad sólo es para los enamorados.

Mi familia “mola”

Pregunté recientemente en un curso de orientación familiar ¿que creéis que quieren nuestros hijos de nosotros? Un padre contestó, ¡que construyamos una familia guay! me lo han dicho ellos. Fue una fantástica sesión en la que hablamos sobre cómo conseguirlo. Coincidimos todos en que cada familia debe crear una memoria familiar, un estilo propio, una cultura. Que las familias tienen que ser divertidas y que son perfectamente compatibles el buen humor, la alegría y el optimismo con la exigencia y la transmisión de valores.

Está demostrado que las familias que lo pasan bien juntas se mantienen juntas, y que una gran parte de la felicidad y el equilibrio personales pasan por disfrutar de un ambiente familiar adecuado. Ese ambiente no se encuentra, sino que lo hace cada uno. Es muy importante compartir y aprovechar el tiempo de ocio, no dejándose llevar de la improvisación; planificarlo y nunca imponer lo que se hace. Todos, desde los más pequeños, deben participar y aportar sus preferencias, sentirlo como algo propio.

La satisfacción de la vida familiar no se limita sólo al momento en que se disfruta del ocio, sino que se mantiene en el tiempo recordando las buenas experiencias. El objetivo de los padres debiera ser conseguir que tanto los adultos como los niños piensen que su familia “mola”

Felicitaciones de navidad

 Como cada navidad invito a los lectores de Ser Audaces a visitar la web www.tarjetones.com dónde podréis encontrar más de 60 modelos distintos de felicitaciones de navidad. Si lo deseáis, podéis comprarlos sin moveros de casa, con la seguridad de que en pocos días los tendréis en la mano.

Son muy elegantes y están impresos en papel de calidad. Todos hacen alusión al Misterio cristiano de las fiestas.

Padres de adolescentes

La vida no es algo estático sino que evoluciona dando lugar a distintas etapas, infancia, adolescencia, juventud, edad adulta …… El paso de una a otra puede ser en algunos casos muy acentuado, en otros más suaves. Le ocurre tanto al niño que alrededor de los tres años descubre su yo, como al adolescente, al joven o al adulto. En esos cambios de etapa suelen producirse las temidas crisis que se manifiestan en pensamientos como “no se que me pasa”, “no me reconozco”. Pueden dar lugar a una cierta insatisfacción con la vida y en tener la sensación de que los pilares se derrumban. El fenómeno de las crisis tiene mala fama, sin embargo suponen simplemente el dar paso a una nueva realidad, transformándose en oportunidad para crecer, madurar y mejorar.

Cada persona es única e irrepetible, sin embargo en todos se dan una serie de características comunes cuyo conocimiento es muy útil para superar las temidas crisis. También en la vida familiar se puede producir el fenómeno que se ha dado en llamar la tormenta perfecta. La situación ideal para ello es lo que les ocurre a muchos matrimonios que rondando los cuarenta años, tienen hijos adolescente. En estos casos, a la crisis de los padres se junta la de los hijos: la tormenta perfecta.

La sensación cada vez más clara de los límites de las propias fuerzas, la perdida de la ilusión, la sensación de que la vida no se desarrolla como la habíamos planeado, el temor a haber fracasado en la educación de los hijos o el escepticismo pueden sorprender a más de uno y provocar fisuras personales y en el matrimonio. Si no se está en guardia pueden surgir desavenencias tanto por asuntos conyugales como por la educación de los hijos.

La primera idea que conviene apuntalar es que entra dentro de la normalidad que se puedan producir esas sensaciones, y que lejos de suponer un problema pueden ser un punto de inflexión en la vida personal, matrimonial y familiar.

Convendrá hablarlo en el matrimonio para superarlo juntos, ilusionarse por la nueva etapa, redescubrir lo que une, empeñarse en que nunca los posible problemas con los hijos provoquen el distanciamiento conyugal. Volver a enamorarse recreando el proyecto común adaptándolo a la nueva realidad.

Sobre optimismo y confianza

Existe la creencia bastante generalizada de que el optimismo y la confianza son características innatas de algunas personas. Aunque esta idea encierra cierta verdad, sin embargo, estas virtudes también se adquieren y se viven por la lucha personal. El optimismo está muy relacionado con el buen humor y este con saber dar a cada situación su importancia.
Algunas personas hacen de cualquier menudencia un drama. Ello supone, además de un tormento para los demás, una actitud paralizante para ellos mismos. Cuando falta el optimismo y la confianza, no se puede crecer y mejorar ya que esto supone, por definición, una cierta seguridad en uno mismo y en las propias capacidades.
El optimismo, al igual que la generosidad, se vive cuando se lucha por hacer la vida agradable a los demás, cuando se está mas pendiente de los otros que de uno mismo. El pesimismo es egocéntrico. El optimismo como virtud no se refiere a los inconscientes que no ven las dificultades, o a los autosuficientes que se creen infalibles. Se adquiere cuando uno mismo se conoce, se toma un poco en broma y sobre todo no se es demasiado susceptible a lo que dicen los demás.

En recuerdo de Belén Langdon

Estos días consideraba que una de las mayores virtudes que puede tener una persona sea posiblemente vivir enamorada, con la ilusión y el deseo de buscar lo mejor. Twitee hace unos días que las personas jóvenes son aquellas que tienen más ilusiones que recuerdos. Descubro cada día que las personas enamoradas recrean la vida, buscan lo mejor y lo comparten, crean a su alrededor un ambiente alegre y optimista. Son conscientes de las dificultades y de las tristezas, pero no les llenan de amargura sino que ellas las llenan de sentido. Las personas enamoradas son delicadas, luchan en lo pequeño porque saben que ahí se encuentra el amor. Buscan y dan sentido a cada detalle pequeño de la vida.

¿Dónde y como se forjan estas personas? No hace falta ir a ningún lugar especial, sin duda en la familia. Por eso la labor de ser padres es tan grande, es en la familia donde crecen las personas enamoradas. Se trata del lugar natural para descubrir y hacer crecer el amor, esas pequeñas luchas y cuidados que son un anticipo del cielo. Cada pequeño detalle de arreglo personal, del adorno de la casa, de la preparación de la mesa, de estar pendiente de los demás encuentra su sentido en el amor; no se pueden entender de otra manera.

Y en medio de estos pensamientos me sorprendía la trágica muerte de Belén Langdon, triste suceso que ha mostrado lo mejor de la familia. El testimonio de amor y fe de Nick y Yolanda, de sus hijos y de las compañeras del colegio nos interpelan y empujan para querer ser mejores. Es como si en medio de la tundra apareciera una flor, y otra y otra.

Tu vida Belén ha sido, lo se, una vida enamorada. Corta, pero enamorada. Por eso deja mucho fruto y paz y serenidad, en medio del dolor.

Educar y forma de ser

En una entrevista publicada en la revista Familia y Cultura, el profesor López-Barajas afirma que “la educación de los hijos no es cuestión de técnica sino de forma de ser”.
Muchos padres argumentan que educar es muy difícil, les falta tiempo, no tienen preparación, la presión de la sociedad les puede. Las tres dificultades son ciertas, Y de ellas la más cierta sea la falta de tiempo.
En una sociedad que podríamos denominar del conocimiento y la eficacia, se tiende a pensar que la fórmula mágica, la solución a todo, está en la técnica y en los métodos. Esta idea no funciona en lo concerniente a las personas, ni en las relaciones sociales, ni en el trabajo y mucho menos en las relaciones familiares.
No seré yo quién niegue la importancia que tiene que los padres se formen para ser mejores, pero creo que sin duda la “piedra filosofal” de la educación está más en su manera de ser y actuar que en los muchos conocimientos que tengan. Se puede ser un gran teórico de la educación y un pésimo educador.
De poco serviría asistir a un curso o leer libros sobre educación si luego en el comportamiento diario, si en la forma de ser y relacionarse no aparece la persona que procura ser mejor, que comprende, que disculpa y que exige cuando hace falta.
Y Precisamente por este motivo afirmaba al principio, que el factor falta de tiempo es principal. Es imposible conocer a las personas, ver como actúan, establecer lazos afectivos, etc si no se dedica tiempo tranquilo. Por ello me atrevería a sugerir dos propuestas a quienes pueda interesar: dedicar tiempo a la familia y procurar la propia mejora como persona. Una de las grandezas del hombre es que la forma de ser siempre se puede mejorar. Con estos dos propósitos seguramente educar se tornará más asequible y complementado con la lectura de algún libro y la asistencia a un curso de orientación familiar, “miel sobre hojuelas”.

¿Qué hacer con tanto corazón “partío”?

Las declaraciones de José Ignacio Munilla en las que reflexiona sobre el origen del sufrimiento de tantos jóvenes pienso que van a la raiz de la cuestión. En ellas se refiere a la importancia que tienen la educación de la afectividad y la inteligencia en la maduración y equilibrio de la persona, situación a la que debe llegar toda persona al alcanzar la edad adulta y que tiene su origen en la infancia y continuación en la niñez, la adolescencia y la juventud.

En todas estas etapas los hijos necesitan tanto el cariño y la exigencia de los padres, como un ambiente familiar estable. Cuando ambos van unidos, los jóvenes crecen seguros en sus inseguridades, son capaces de asumir responsabilidades, no esperan que se les de todo hecho, valoran lo que tienen y su vida no está basada en el derecho a todo, se saben queridos y aprenden a darse a los demás, encuentran sentido a renunciar a sí mismos. Lo normal es que sean felices y dispongan de las herramientas para afrontar la vida.

Y junto a la educación del corazón hay que procurar la formación de la inteligencia, la búsqueda honrada y razonada de la verdad y el bien, que les lleve a la formación de sus propias ideas.

Pienso que sobre estos dos quicios gira el éxito o fracaso de la educación y en ello es crucial el papel de los padres. Por eso todo lo relativo a la educación pasa tanto por procurar familias estables en las que los padres asuman su papel y responsabilidad, como por el apoyo de la sociedad a esa tarea de los padres como primeros educadores. Si no se hace así de poco servirán los esfuerzos para dedicar más recursos materiales a las escuelas.

La responsabilidad de los padres es muy grande, pero es que traer un hijo al mundo es algo muy, muy serio.

Test de estrés matrimonial

Se han puesto muy de moda los denominados test de estrés a la banca. Supongo que debe tratarse de unos examenes para ver hasta dónde son capaces de aguantar los bancos sin quebrar. La verdad es que me interesa bastante poco el asunto, sin embargo la idea me parece interesante para comentar brevemente un estudio sobre la relación entre la calidad del matrimonio y la generosidad de los cónyuges.
A la vista de las conclusiones, se puede afirmar que un test de estrés al matrimonio pasa por medir la generosidad de los cónyuges. A mayor generosidad de cada uno, mayor resistencia del matrimonio a romperse. Y no sólo eso, sino mayor capacidad de ser felices.
En la medida en que se está más dispuesto al sacrificio, la calidad conyugal aumenta. ¿Cómo medirlo? ¿Que indicadores medir en el test? El estudio comienza por los pequeños detalles cotidianos como preparar el café por la mañana, y se centra en lo que denomina circulos de virtud. Es decir, aquellos actos de generosidad que a fuerza de ser repetidos generan un comportamiento y un ambiente positivos que animan a seguir actuando así.
También son indicadores de la calidad conyugal las manifestaciones de cariño y perdón. Se trata de sutilezas tales como una forma de mirar o de sonreir, que envían un mensaje positivo y que alimentan no solo el compromiso y el cariño, sino la pasión y el enamoramiento.
Me comentaba un amigo la importancia de recurrir al origen de las cosas para ser más humanos.
¿No es acaso el amor uno de los pilares del matrimonio? Y ¿no es el amor la entrega incondicional y generosa al otro? Pues ahí encontramos no sólo el origen, sino la garantía de que nuestro matrimonio sea capaz de resistir un test de estrés conyugal.

Austeridad sí ¿pero sólo en tiempo de crisis?

Solón fue uno de los siete sabios de Grecia. Poeta, reformador y legislador; su gobierno se caracterizó por reformas para hacer frente a las graves injusticias que padecían las clases más pobres. Así, condonó las deudas de los campesinos, rebajó los tipos de interés y protegió la pequeña propiedad, evitando la formación de latifundios.

A él se atribuye la frase la austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente.

Esta idea y una entrevista al economista Robert Skidelsky inspiran mi post de hoy.

La grave crisis económica que vivimos ha puesto en primera linea la palabra austeridad. Pareciera que la solución a estos malos tiempos pasara por retirarse a los cuarteles de inviernos (la austeridad) en espera de tiempos mejores para volver al gasto y el despilfarro.

Solón relaciona la austeridad con la virtud y la inteligencia y así lo creo. El mejor camino para ser felices es conocer las virtudes, encontrarles un sentido y querer vivirlas. La austeridad no es algo negativo sino que nos ayuda a crecer como personas, a ser dueños de nosotros mismos, a disfrutar de lo pequeño. Nos lleva a una idea nuclear: que es más importancia ser que tener.

Ser más  austeros, sencillos, prudentes, sinceros, pacientes, optimistas o laboriosos nos acerca a la felicidad y sólo depende de nosotros. Es lo que realmente nos llena y satisface, y además es gratis.

La austeridad no es sólo para tiempos de crisis, es una forma de vida que nos hace más humanos, mejores personas. Este creo que es el principal reto de los padres, ayudar a los hijos a luchar por ser mejores personas, a disfrutar de lo que realmente vale la pena, a encontrar lo valioso en lo pequeño. La vida de familia es el ámbito ideal para ello.

Citando a Robert Skidelsky:

“Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la ‘buena vida’. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros”

Tres ideas para tener un buen matrimonio

Pretender reducir el éxito del matrimonio a tres ideas es como poco, una ingenuidad. Sin embargo pocas ideas, si son nucleares sí que pueden inspirar y ser útiles. Esa es mi idea de hoy.
La primera y fundamental es creer realmente que el matrimonio es para toda la vida. Comenzar algo tan comprometido pensando que tiene fecha de caducidad supone bajar el nivel, rendirse antes de comenzar, pretender vivir de las rentas del noviazgo ….. Nuestra limitación es que no estamos acostumbrados a “quemar las naves”, todo en la vida actual es reversible. Obviamente esto nos lleva a un tema crucial, no casarse con cualquiera. Saber elegir, estar unidos por algo más que los afectos. “Quemar las naves” los dos.
La siguiente idea es creerse que es posible el matrimonio para siempre. Que no es sólo una teoría bonita, sino una meta alcanzable. Me parece fundamental tener una visión positiva de la vida, esa visión será la que alimente el día a día, la que ayudará a superar las dificultades.
Y por último, enamorarse cada día. Sorprenderse ante lo pequeño y cotidiano. Saber renunciar a egoísmos, disculpar, ceder, sonreír. Buscar juntos el Bien.
¿Lo fundamental? Estar de acuerdo los dos en estas tres ideas y querer llevarlas a cabo juntos. Antes de casaros, hablarlo. Si no estáis de acuerdo, no vale la pena “quemar las naves”.

Practicum veraniego de vida familiar

Hoy me siento inspirado y me gustaría compartir algunas buenas ideas para intentar poner en práctica durante estos días de vacaciones en familia. Son días relajados que bien pueden servir para adquirir buenos hábitos para el resto del año. 

Es fácil criticar y ponerse de mal humor, crear mal ambiente. Suele ser por faltas de caracter y a nadie hace feliz. Bien, vamos a intentar ser dueños de nosotros mismo procurando ser comprensivos con los demás, fijandonos más en tantas cosas positivas que tienen. Utilizar un tono cordial, sin enfados. Evitar las críticas a los demás, no solo ante otros sino en nuestra propia mente. Disculpar y defender si oímos a otros criticar. Corregir sí, pero lo necesario y siempre con cariño.
¿Porqué hacer esto? ¿Para mantener la paz? Si ¿Para estar más a gusto? También. Pero sobre todo por amor, el motor más fuerte de la familia. Y por supuesto no puedo dejar algo fundamental en el tintero, rezar por cada uno de la familia.
Espero que nos sea útil.

 

Para crear un buen ambiente familiar

Durante el año las largas jornadas escolares y de trabajo, así como el cansancio y las prisas suponen una agresión a la vida de familia. Y no sólo por la falta de tiempo si no por la falta de tranquilidad. En demasiadas ocasiones los hogares se convierten en alojamientos y falta tiempo hasta de mirarse a los ojos. En diversas ocasiones he escrito sobre la importancia de la comida familiar durante todo el año para evitar que esto suceda.

Estamos ya en verano y practicamente todas las familias disfrutarán de algún tiempo para descansar y estar juntos. Este tiempo cada vez suele ser menor y por eso conviene aprovecharlo al máximo. Por eso me permito aconsejar a los padres que se relajen, que dejen actuar con libertad a los hijos, que sólo intervengan para corregir actitudes graves, y que lo hagan “vis a vis” y con cariño.

Es importante buscar y aprovechar los buenos momentos para educar, y estos pasan por un ambiente de confianza, alegría y buen humor. Crear ese ambiente puede ser un buen propósito, sabiendo que conseguirlo pasa por una lucha personal con el propio caracter; y no sólo de los padres sino también de los hijos. Una lucha de toda la familia.

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